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sábado, abril 13, 2013

Sara Montiel, la mujer y el mito





Sara Montiel
                        Sara Montiel, la actriz española que fue la pionera en trabajar en Hollywood, ha fallecido a las 85 años, convertida en un mito que ella mismo fabricó pero no sólo a través de sus trabajos cinematográficos, sino también de sus supuestos amantes entre los que nombraba a famosos actores, prestigiosos científicos y poetas ilustres que no pasaron de ser meros conocidos según afirman los allegados de éstos, pero de cuya aureola se alimentó su fama y construyó el mito de devora hombres que la acompañó hasta la muerte, porque su capacidad fabuladora era sorprendente.
            Su talento interpretativo era tan limitado como su voz, pero sabía interpretarse a sí misma y a su propio personaje con verdadera y consumada maestría. Su voz ronca ponía el acento sensual a las melodías que interpretaba en las que fumaba mientras esperaba al hombre que quería o pisaba con garbo el capote de un torero, convirtiéndose en la imagen de la mujer deseada por todos los hombres y en el mito erótico que todas las mujeres de la época les hubiera gustado ser en aquellas décadas de los 50 y 60 en las que la mujer estaba relegada a cumplir con su función de esposa y madre, sin más alicientes que el cine dominguero o el paseo por el parque.
            Sara Montiel siempre fue una mujer que exhibió su libertad e hizo gala de haberla disfrutado siempre con intensidad y sin ningún tipo de cortapisa. Sus continuos matrimonios, cuatro en total, el último con un cubano que apareció y desapareció de su vida, cuando era una mujer ya setentona, dejando tras de sí una dudosa fama de supuesto ladrón de joyas de la actriz y de haber sido un marido ocasional para volver   a  recuperar la fama ya eclipsada hacía décadas de la actriz que no renunciaba a ser y volver a estar en el centro de la fama.
            Todos esas luces y sombras no desmerecían el fulgor de su fama que, aunque se iba apagando con el tiempo al igual que su belleza, no ha impedido que, una vez muerta ya octogenaria, siga representando un mito erótico de una mujer que llegó a EE.UU en la década de los cuarenta siendo analfabeta y consiguió trabajar al lado de grandes actores norteamericanos de la talla de Marlon Brando o Gary Cooper, entre otros, hazaña insólita para una actriz española que no sabía nada de interpretación, a no ser del personaje que se creó con su fuerza de voluntad y espléndida belleza de rostro.
            Todo Campo de Criptana, su patria chica, le llora ahora junto a muchos nostálgicos de una época y de un cine  de entretenimiento y sin ningún tipo de exigencia  crítica, propio de la época en la que rodó la mayoría de sus películas, que forman parte ya de la historia del cine español y de la historia del país, porque ha muerto una estrella que ahora ha vuelto a revalidar al mito en el que se había convertido y que se agranda  mucho más con la desaparición física de una mujer que no quiso ser únicamente Sara Montiel, porque María Antonia Abad Fernández, su verdadero nombre, era poco para quien soñaba con las estrellas del firmamento y del cinematógrafo y quiso subir, escalar peldaño a peldaño, hasta confundirse con una de ellas.
              Murió la persona, pero sigue viviendo el personaje que se acrecienta aún más cuando las focos se apagan y la estrella, una vez muerta, consigue, por fin, ascender hasta el firmamento del que nunca quiso bajar a este  mundo y ser una más del común de los mortales.
            Descanse en paz.