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lunes, abril 10, 2017

La maternidad discriminada




En una sociedad como ésta en la que la maternidad está en números rojos, en cuanto al número de nacimientos se refiere,  es una buena noticia que una mujer de 64 años haya tenido la decisión, valentía y fortaleza para ir a EE.UU., a  someterse a un tratamiento de reproducción  asistida del que nacieron dos mellizos el pasado  mes de febrero -en España está prohibida dicha posibilidad a partir de los 50, aunque en la práctica es a los 40/42 cuando ya se impide el acceso a mujeres de dicha edad a para recibir el mencionado tratamiento.

Y digo que es una buena noticia y un ejemplo para muchas mujeres jóvenes, en edad fértil, que no se animan a tener hijos por falta de tiempo, exceso de comodidad o miedo a perder la libertad y a asumir el exceso de responsabilidades que la maternidad conlleva.

Sin embargo, la Junta de Castilla y León ha retirado la tutela de sus dos hijos mellizos, nacidos el 14 de febrero en Burgos, a la feliz madre que ya perdió la custodia de una hija anterior que tuvo con 58 años y con el mismo procedimiento.

Los servicios sociales de la Junta de Castilla y León aducen que la retirada de la custodia a la madre se debe a que detectaron “cierto riesgo” para la seguridad de los menores, según han declarado responsables de dicho departamento.

Naturalmente, el bienestar y seguridad de los menores debe primar en cualquier actuación al respecto para su guarda y custodia;  y se supone que en este caso se habrán obtenido pruebas suficientes para tomar la decisión, difícil y dramática para la madre y los niños en cuestión de ser separados de su progenitora, con mayor o menor edad. Y digo se supone, ya que esto no está demostrado, sino que se basa en meras conjeturas.

Aunque esta noticia  hace  increíble que la madre de estos bebés, que ha demostrado verdadero deseo de volver a ser madre y ha corrido el enorme riesgo que conlleva una maternidad en edad tan tardía, además de todos los gastos, molestias y tiempo, una vez que los bebés han nacido, se haya desatendido de ellos, en una evidente incongruencia que es difícil de comprender en quien no ha escatimado esfuerzos y valor para hacer realidad su sueño.

Dicho departamento de los servicios sociales que ha tomado tan drástica decisión, según las explicaciones de la gerente de dichos servicios de la Junta en Burgos, comenzaron a hacer un seguimiento de la madre e hijos, a raíz de salir publicada la noticia en los medios del nacimiento de los pequeños. Eso induce a pensar que ya estaban dispuestos a tomar la decisión de retirarle la custodia desde el momento en el que los niños vinieron al mundo. Esta madre ya pasó por el mismo drama, al serle retirada la custodia de su primera hija que ahora cuenta seis años y vive actualmente en Canadá con familiares maternos, por estar en evidente estado de desamparo, según adujeron dichos servicios sociales.

Durante el tiempo que estuvo ingresada en el hospital donde dio a luz por segunda vez, los Servicios Sociales se interesaron ante el centro sanitario para evaluar si la madre estaba en condiciones de hacerse responsable de la crianza y custodia de los recién nacidos. Los informes de los técnicos de Protección a la Infancia y de los médicos  fueron favorables y confirmaron que la madre  estaba capacitada para esta nueva responsabilidad, aunque necesitaba una ayuda diaria. La misma ayuda que una mujer joven que tiene mellizos necesita, evidentemente, para hacer frente a esa doble maternidad. Y esa capacidad que se le ha reconocido a la madre sexagenaria, niega el supuesto trastorno mental del que se ha hablando en los medios de comunicación, ya que los médicos habrán hecho los correspondientes exámenes a la señora en cuestión para determinar su capacidad para hacerse responsable de los niños, lo que confirmaron.

Dicha responsable de los Servicios Sociales ha manifestado, en un intento de justificar una decisión que es controvertida y dudosa en su fundamento, que dicha mujer se comprometió a participar en un programa de intervención familiar como garantía de que los niños tuvieran satisfechas sus necesidades y estuvieran seguros. Aceptó cumplir con ciertas medidas relativas a las diversas necesidades de los bebés de índole sanitario, de atención y estimulación, y de la obligación de asegurar un apoyo para atender a los recién nacidos y  de ayuda en casa. Y para ello, contrató  a una persona para que la asistiera veinticuatro horas al día, al salir del hospital, aunque, después, se ha comprobado que no ha cumplido con ello. Habría que preguntarse qué persona se compromete a estar al servicio de otra durante 24 horas al día, ininterrumpidamente, a no ser que fueran tres personas en turnos de 8 horas, lo que es deducible que no podría costear la madre en cuestión.

Pues bien, este requisito de la persona de ayuda las 24 horas, lo consideraban un requisito fundamental dicho servicios sociales y al no cumplirlo (lo que es bastante comprensible en una mujer que no sea millonaria para permitirse pagar a tres personas de forma indefinida), ha provocado la retirada de la custodia inmediatamente a la madre, y los bebés han pasado a estar bajo la tutela de los Servicios Sociales de la Junta de Castilla y León, aunque todo hace pensar que encontrarán muy pronto una familia adoptiva al tener los niños tan corta edad, aunque dicha decisión se revisará en el plazo de seis meses, lo que consideran que es un plazo necesario para comprobar la evolución  de la madre y que es un término temporal preceptivo para tomar la decisión definitiva, aunque suele estar tomada de antemano, Si pasado ese tiempo comprueban que es idónea para devolverle a sus hijos, lo harán. ¿Pero los médicos y los técnicos de la Protección a la Infancia no habían ya determinado que estaba capacitada para cuidar de sus hijos con su amor de madre que es irremplazable y del que ha dado muestras más que evidentes? Habría que preguntarse a qué evolución se refieren como requisito para devolverle la custodia de los niños –hay que ser muy ingenuos para creer que ésta se va a producir-. ¿ A qué evolución  se refiere, a la de la depresión producida por la retirada de la custodia de unos hijos por los que se ha puesto en peligro para traerlos al mundo y a los que ha deseado tener antes de que nacieran con todo el amor y la ilusión que necesitan todos los seres que nacen? Mientras tanto, los niños pasarán a una familia de acogida por medio del procedimiento habitual y, después -aunque esto no lo dice dicha responsable- serán adoptados también por el procedimiento habitual, como es de esperar en estos casos en los que todo se hace por “el bien de los niños, su protección y seguridad”.

Ahora cabe preguntarse por qué los diversos Servicios Sociales de las 17 CC.AA. españolas no se preocupan de ir por los diversos poblados de chabolas, donde los niños conviven con ratas,  medidas de higiene nulas, mala alimentación, juegan entre jeringuillas de drogadictos, están expuestos a no ser escolarizados, a sufrir malos tratos, todo tipo de abusos, y un largo etcétera de pobreza, miseria, enfermedades y carencias, y nadie se preocupa del peligro que corre su salud física y mental, ni las consecuencias que tendrá para su futuro el ambiente de marginación  y pobreza en el que viven y en el que crecen en el más absoluto abandono.

También, hay que  cuestionarse por qué no se pone en duda la capacidad de las muchas sexagenerias, septuagenerias y octogenarias que se hacen cargo de sus nietos  a tiempo completo, porque sus hijas trabajan, están encarceladas, viven el infierno de la droga o de la explotación sexual. Esas valientes mujeres, a pesar de los achaques de la edad, se hacen cargo de sus nietos y los cuidan en lugar de sus madres ausentes, por necesidad o incapacidad para hacerse cargos de sus hijos.

Nadie cuestiona la capacidad de esas mujeres ancianas, mucho mayores algunas de ellas, de la madre que ha sido desposeída de sus hijos, para hacerse cargo de sus nietos, a pesar de sus enfermedades, de sus limitaciones por edad, o de su vida de trabajo que ha desgastado su organismo. Nadie intenta quitarles la custodia de sus nietos, concedida legalmente o simplemente ejercida de hecho, porque esas mujeres realizan una labor encomiable, valerosa y abnegada que la sociedad nunca agradecerá lo suficiente y, además de forma gratuita y sin contraprestación para los Servicios Sociales respectivos. Pero, tampoco se les pregunta si necesitan ayuda las 24 horas, ni qué problemas de salud tienen, ni qué carencias. Esos niños están cuidados y atendidos por mujeres que sobrepasan mucho la edad de esta madre de mellizos que tuvo el sueño de ser madre por segunda vez y se vio de nuevo frustrada, por la extraña preocupación de los Servicios Sociales que se preocupan sólo de los casos mediáticos que son noticia, como el de esta madre sexagenaria, pero no de los miles de niños en toda España que no son noticia pero viven entre la miseria y el abandono y, muchos de ellos, tampoco tienen ya edad para ser fácilmente “adoptables”.

Esta mujer es un ejemplo de amor maternal y de abnegación, en un mundo en el que la mayoría de las mujeres en edad fértil ponen excusas, unas detrás de otras, para no tener hijos. Las hay en todas las clases sociales, no es  sólo cuestión de economía el hecho de no querer tener hijos, en muchos casos, sino de una mentalidad hedonista en la que se trata de retrasar, la maternidad, en la mayoría de los casos; y, en otros, en negarla  definitivamente como expectativa vital. Las hay que a los 40 años se dan cuenta que el reloj biológico marca ya el final de su vida fértil e intentan tener un hijo a toda costa, pero sólo uno, como testimonio de su capacidad de ser  madre, decisión aplazada hasta el último momento por  ser el último de sus deseos vitales, al que sólo se desea dar cumplimiento  si las hermana, primas o compañeras han tenido un hijo antes y no quieren ser menos que ellas, en una actitud imitativa y competitiva que, en demasiadas ocasiones, no tiene nada que ver con el deseo auténtico de ser madre, sino con el de demostrar que “puede serlo”.

Así se da la paradoja que es mujer que ha retrasado el hecho de tener un hijo, una vez que lo ha tenido, le pasa la responsabilidad del cuidado del niño a su propia madre, en la mayoría de los casos, siendo la abuela la que realmente cuida y educa al niño en cuestión, porque la reciente madre que no había tenido ganas o  tiempo hasta entonces para serlo, cuando lo es tampoco lo tiene para cuidar de su hijo por cuestiones laborales o de problemas personales. Así las mujeres que, por edad, no están consideradas aptas por los Servicios Sociales para cuidar de sus propios hijos tenidos en edad avanzada, se convierten en las únicas y permanentes cuidadoras de sus propios nietos sin que nadie ponga en duda sus capacidades físicas y mentales para llevar adelante tan difícil empeño, ni aparece por sus domicilios los servicios sociales de su Comunidad para exigirles que tengan la ayuda de otra persona durante 24 horas como le exigían a la madre sexagenaria.
Como siempre, en una sociedad donde las libertades personales sólo están reflejadas en los textos legales, pero en la realidad vivida día a día, los ciudadanos, en este caso las mujeres, se encuentran discriminadas en un asunto tan importe y fundamental para toda sociedad como es el deseo de ser madre,  aunque sea con ayuda de la ciencia en estos casos de edad avanzada, lo que no le sucede a los hombres.

  La edad no les sirve de límite a las mujeres no para serlo, en cuanto al hecho biológico de traer a un hijo al mundo como ha demostrado la señora de Burgos, sino para ejercer de madre con esos niños que sólo necesitan el amor de su madre y sus cuidados amorosos, esos cuidados que sólo quien es y se siente madre por decisión propia puede darles, y no el de tantas jóvenes madres que han tenido a su hijo como demostración de que ellas también pueden serlo y se desatienden de sus hijos poco después,  en manos de las abuelas, guarderías o niñeras -en el caso de tener un poder adquisitivo favorable a ello-, porque carecen de instinto maternal o, de tenerlo, les da mucha pereza y les ocupa mucho tiempo demostrarlo.

La maternidad discriminada de esta señora de Burgos que ha perdido a sus gemelos -aunque provisionalmente como dicen los servicios sociales correspondientes, aunque de dudoso cumplimiento esa posibilidad-, es una demostración más de que estamos en una sociedad llena de prejuicios donde los seres humanos estamos clasificados por sexo, raza, edad, estatus social, creencias e ideologías. Y en el tema de la maternidad, la legislación española no exige una edad máxima para serlo, ya que era la propia biología la que lo hacía hasta ahora,  limitación  que ha quedado  superada por las nuevas técnicas de reproducción asistida. El derecho de ejercer su maternidad de esa señora ha sido vulnerada por una decisión basada en dudosas razones que. llevadas a un Tribunal, la sentencia correspondiente podría echarlas por tierra , por considerar peregrinas las motivaciones que exponen los servicios sociales citados y darle la razón a la madre tardía.
Esos clichés se aplican para todo sin tener en cuenta realmente que  cada individuo es un mundo y que, en el caso que nos ocupa, es preferible una madre con edad de ser abuela que puede ser una madre amorosa –como demuestran tantas abuelas que ejercen de ambas cosas a la vez-, a una madre con edad de serlo pero que quiere ser siempre hija, sin responsabilidades ni obligaciones, como demuestran los muchos casos de niños mal cuidados y abandonados por sus jóvenes madres. Cada niño que viene al mundo sólo necesita amor y eso no entiende de edad ni de otras circunstancias externas que sí parecen importarle mucho a los servicios sociales que han tomado una decisión  tan drástica como la comentada, y que pone muy en duda que sean los intereses de los recién nacidos los que priman y no otras consideraciones sociales de muy dudosa justificación.