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domingo, abril 04, 2010

La humildad de los genios


por Ana Alejandre

La noticia es sorprendente, cuando menos, en una doble vertiente: la primera la de su talento matemático, ya que este genio ruso de las matemáticas, Grigori Perelman, quien ha sido capaz de resolver la Conjetura de Poincaré, unos de los siete enigmas o dilemas del milenio, como se le ha considerado y que ha supuesto más de un siglo encontrarle la solución; y la segunda, por su humildad y falta de codicia por la que ha renunciado a recibir el premio de un millón de dólares que le ha otorgado el Instituto de Matemáticas Clay (EE.UU) por haber realizado la proeza de resolver el mencionado enigma matemático.

Gregori Perelman, de 43 años, y que vive con su madre en San Petersburgo, en una vivienda humilde, en el mayor de los ostracismos, por sentirse decepcionado de su profesión, según ha manifestado el propio Perelman, asegura que no está interesado ni en la fama, ni en el dinero, ni en el reconocimiento que por su labor le pueda otorgar el mundo científico.

Esta afirmación ha demostrado que es coherente con su conducta, porque ya en 2006 rechazó también recibir la medalla Fields, que es la mayor distinción en la ciencia matemática (similar en su importancia al Premio Nobel de las Matemáticas).

Incluso, en su más sincera y sorprendentehumildad, afirma que no es tan buen matemático ,como afirman, y que no quiere sentirse observado como en un zoológico.

Una vez más, la genialidad va a acompañada de la sencillez, la humildad y la falta de codicia. Habría que reflexionar por qué en estos seres excepcionales siempre se encuentra el ejemplo de coherencia, integridad moral y falta de todo tipo de vanidad y engreimiento, tan dado sin embargo en los mediocres, ambiciosos y cantamañanas que pululan en todas las profesiones y que estarían dispuestos a cualquier vileza con tal de salir “en la foto”, ser encumbrados a la fama y distinguidos con cualquier premio, aunque fuera “al más tonto del año”.

Sin duda, ejemplarizante en su doble cualidad de talento y humildad. La pena es que este tipo de conductas se den tan raramente y siempre se diga, como coletilla para justificar su ausencia, que la genialidad y la excentricidad siempre van unidas. Aunque, quizás, habría que decir que la falta de talento y la vanidad siempre coinciden en las personas, además de la codicia y la ambición.