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jueves, mayo 05, 2011

La igualdad de los diferentes

La igualdad de los diferentes

Nadie elige su tendencia sexual que es tan involuntaria en cada ser humano como el  propio sexo, la raza, la estatura, el carácter o la inteligencia. Por ello, los homosexuales tienen el mismo derecho a ser respetados en  sexualidad como los heterosexuales, a quienes no se les discute. No es cuestión de catalogar a la homosexualidad de ser algo “bueno” o “malo”, ni de “normal” o “anormal”, porque la norma la marca la cantidad de individuos que presentan la característica o idiosincrasia de la que se trata, sin hacer valoraciones morales, sociales o de cualquier otra índole del hecho en sí.
Es decir, si en una población hubiera una gran cantidad de maleantes y delincuentes, superior a la de ciudadanos honrados y pacíficos, no por ese mayor número haría “normal” la delincuencia ni deseable. La normalidad de los homosexuales, en cuanto al número de ellos que es alrededor de un 10%-15%, no viene dado por su número en cuanto a la población total, sino porque es una característica –no una opción como la catalogan muchos de forma errónea, porque quien es homosexual no ha elegido serlo, por lo tanto no ha podido optar entre varias opciones posibles. Lo es sin que su voluntad tenga nada que ver en ello-. Por este simple motivo, la homosexualidad es “tan normal” como ser zurdo, o más alto o bajo de la media, y tan involuntaria como todas estas características innatas.
Viene esto a colación por la noticia que aparece en la prensa en estos días (“El Mundo 4/05/11) en el que afirma que el Ministerio de Justicia en Sudáfrica ha tomado medidas urgentes para terminar con la espantosa lacra que supone la violación de lesbianas como correctivo “
¡
para convertirlas en hombres
!
” Esta extraña e incomprensible intencionalidad de los ejecutores de dicha barbarie, llena de estupor e indignación a cualquier lector sensato, además del horror que supone dicha práctica que conculca el derecho a la propia integridad  física y moral de todo ser humano.

Más de 170.000 firmas se han recogido en todo el mundo para solicitar el fin de tan terrible práctica, y para ello se involucrarán en su lucha para erradicarla los jueces, policías y activistas por los derechos de los homosexuales.

La última víctima de esta barbarie ha sido Nogwaza Noxolo, de 24 años, que fue apedreada, violada y apuñalada en Johannesburgo por un grupo de hombres –más bien debería decirse de malas bestias-, porque esta joven era una de las activistas que trabajaban en la campaña política para concienciar a políticos y jueces de este terrible problema  que se vive en Sudáfrica. Esto ha provocado que en el Parlamento sudafricano, el próximo 15 de julio, se iniciaran los trabajos preparatorios para crear una propuesta que realice cambios importantísimos en la legislación sudafricana –la más abierta de todo el continente-, con la finalidad de no marginar a los homosexuales.
La Liga de Mujeres del CNA y organizaciones sindicales han  declarado estar satisfechas  porque ese proyecto "nos acerca al siglo XXI" , lo que podría convertir a ese país en el líder incuestionable, político, económico  y social, de todo el continente africano.

Noticias como estas son siempre bienvenidas para cualquier ciudadano de bien, sea cual fuere su condición sexual, porque incide en el reconocimiento a todo ser humano de los mismos derechos, entre los que destaca como el fundamental el derecho a la vida y a la propia integridad física y moral, siendo la identidad sexual uno de los componentes más importante de la propia personalidad de cada individuo.
La Constitución Española, como otras Cartas Magnas del ámbito occidental, recoge tal derecho a ser respetado sin que exista merma de los derechos por la tendencia sexual, creencias, ideologías, raza, sexo, etc., que ha sido desarrollado por leyes posteriores hasta llegar a la aceptación total y sin parangón en otros países de Europa donde a aún no se permite el matrimonio homosexual, ya reconocido en España.
            Las sociedades modernas están aceptando, con mayor o menor gana, los derechos de los que se consideraban diferentes al resto y ello no sólo se refiere a los homosexuales, sino también a los que tienen características físicas distintas y poco usuales (deformes, disminuidos físicos y psíquicos, enfermos mentales, etc.), los miembros de comunidades minoritarias por sus creencias religiosas (las diferentes iglesias o confesiones de todo tipo); los que eligen un tipo de vida poco convencional (naturistas, en sus diferentes modalidades y prácticas como el nudismo); las ideologías minoritarias, etc.
 Todo ello hace que el conjunto de la sociedad, al tener una mayor apertura hacia formas distintas de vida, creencias, ideologías, o simples variaciones de la propia naturaleza, conseguirá, al final, y aunque ahora parezca inviable, utópico o imposible, uniformizar lo que ahora es distinto, integrándolo en el seno de la propia sociedad, consiguiendo así que lo diferente sea normal; lo distinto sea igual y lo marginal sea integral. La sociedad avanzará en una mayor uniformidad, precisamente porque al integrar y metabolizar a todos los elementos sociales discordantes, conseguirá darles una pátina de normalidad que acabará con la diferencia, con las luchas para ser reconocidos y con la propia y singular idiosincrasia.
Todo ello será bueno, como la noticia que acabamos de comentar, para la Humanidad en su conjunto que ha sido constante en la lucha de tantas generaciones para terminar con las injusticias, las incomprensiones y el sufrimiento de muchos millones de seres humanos. Pero, cuando se acaben las fronteras que limitan a unos seres “diferentes” en sus derechos a los que gozan los llamados “normales”, surgirán nuevas formas diferenciales y nuevas exclusiones del gueto correspondiente que ostentarán los grupos de poder que serán los que legislen, apliquen las leyes y creen la riqueza. Dará igual el motivo de la exclusión y la negación de ciertos derechos, porque si hay algo innato en el ser humano es el deseo de ser distinto, diferente, siempre que no represente un peligro para la propia integridad; por eso los diferentes serán cada vez más los que elijan serlo voluntariamente, pero para ello tendrán que contar con los medios económicos, el poder y la capacidad de aislarse del  resto del mundo y. también,  ser quienes marquen las reglas del juego, exclusivas y excluyentes. Y esto sólo lo podrán hacer unos pocos que serán los diferentes a una gran mayoría uniformizada o normal, pero no por las tendencias sexuales, políticas, religiosas, raciales o biológicas, sino por la incapacidad de estos últimos para llegar hasta la fuente de la que mana esa diferencia que todos querrán alcanzar, en vez de la normalización que desean muchos colectivos en la actualidad, y por la que luchan.
Precisamente, en California (EE.UU.), un colectivo de mujeres heterosexuales, en la década de los ochenta, tuvo que dirigir un escrito al Gobernador del Estado para reclamar leyes que propiciaran la llegada de hombres heterosexuales a California porque la gran mayoría era gay y había copado las direcciones de las empresas y los puestos de trabajo en los que era imprescindible ser homosexual para ser contratado . Dichas mujeres se sentían marginadas e imposibilitadas de encontrar pareja.
Quizás, esto explique el triunfo del capitalismo, es decir la desigualdad en sus distintas variantes basadas en el poder económico, sobre el comunismo que impone la igualdad a ultranza, porque aquél está más cerca de la naturaleza humana y sus pulsiones innatas, lo que es más difícil de erradicar que los prejuicios que la propia sociedad ha propiciado...