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jueves, septiembre 27, 2012

El esperpento nacional

por Ana Alejandre

Ecce homo original a la izquierda, en el centro deteriorada
 y la imagen  después de ser "restaurada"
por Ana Alejandre
       La noticia saltó a los medios de comunicación y a las redes sociales donde alcanzó altas cotas de popularidad y se propagó como un reguero de pólvora que incendió las mentes calenturientas de tanto desocupado e inculto que consideró a tal noticia como algo relevante y digno de ser difundido entre su círculo de amigos y conocidos, debido a la gran importancia del hecho en sí mismo para tales mentes privilegiadas.
       En el pueblo de Borja (Zaragoza), una señora con buena voluntad que nadie le discute, intentó salvar de la ruina una imagen del Ecce Homo, una obra sin valor artístico especial y sin catalogar, pintada, según informan desde el ayuntamiento de dicha localidad, por un pintor que veraneaba en dicha población en 1910   y que la pintó en pocas horas.
       Naturalmente, no se pone en cuestión la buena intención de la señora, Cecilia Giménez, que procedió a realizar espontáneamente la restauración de la pintura sin demasiados conocimientos de restauración, pero sí con la sana intención de quitar los desperfectos que las humedades y el deterioro producido por el tiempo habían hecho en la pintura y, como ella misma alega en su defensa, con el consentimiento del párroco. El resultado salta a la vista en la imagen que acompaña a este texto y que habla por sí sola.

Cecilia Giménez, la restauradora espontánea
       El esperpento no es el resultado de la supuesta restauración, porque la señora prometió intentar arreglar la difícil situación de la pintura, pero no prometió el buen resultado de su intento, por lo que no se le puede acusar de actuar con dolo ni negligencia, sino acaso con impericia para tal labor. El esperpento está en el hecho de que la imagen restaurada por dicha señora bienintencionada se haya convertido en un asunto de importancia nacional, e infinidad de personas de todos los puntos cardinales que no sabían de la existencia de dicha localidad, Borja, ni situarla en el mapa, hayan hecho cientos o miles de kilómetros de carretera para ir al Santuario de la Misericordia, donde se encuentra tal pintura, para fotografiarse al lado del engendro y poder colgar dichas fotografías o videos en las redes sociales, además de en sus propios álbumes personales, para poder así tener constancia gráfica de tal suceso que tiene tintes surrealistas además de esperpénticas.
       Es curioso este país, donde existen millares de iglesias con obras de arte de indudable valor artístico, además de innumerables museos repartidos por todo el mapa nacional a los que nadie acude, excepto los turistas que si saben apreciar el enorme tesoro artístico español y una minoría de españoles realmente interesada por el arte, que una “restauración artística” desastrosa haya atraído a tantos ociosos y curiosos que no perderían un minuto para ir a ver las verdaderas maravillas artísticas diseminadas por todo el país, porque parece ser que esas bellas obras de arte no merecen atención alguna ni dedicarles un poco de tiempo en su contemplación, pero sí lo merece ese engendro que, por mala suerte y poca preparación de la buena señora que intentó restaurarla, resultó de su afanoso trabajo.
Visitantes de la imagen restaurada

       No, el verdadero esperpento lo  protagonizan en este asunto los millares de personas que ni se interesan ni se han interesado nunca por el arte y la cultura, pero sí por semejantes  espectáculos caricaturescos, como ha dado como resultado la buena intención de su restauradora y que ha movido los resortes de imbecilidad, gusto por la astracanada, incultura y memez de tantos curiosos, ávidos de perder su tiempo, aunque de todas formas lo malgastarían en similares actividades grotescas y ridículas, sin ningún sentido del ridículo y que se sienten orgullosos de haber ido a Borja para fotografiarse al lado de lo que ahora ha sido llamado Ecce Mono, parodiando así el nombre latino de la imagen y convirtiéndola en una frase chusca que adorna, aún más, con sus perfiles grotescos este asunto ya de por sí esperpéntico. Además, y para rizar el rizo de la absoluta astracanada, han intentado buscarle el parecido a dicha imagen y su penoso cambio con los rostros de gente popular por sus continuas apariciones en la televisión, no por méritos propios sino por motivos ajenos a ellos mismos, entre los que destacan desde Paquirrín hasta Belén Esteban, entre otros varios, lo que añade aún más tonos burlescos a este penoso asunto, especialmente para la autora del desaguisado que se ha visto en el punto de mira y acosada por las críticas de muchos de sus paisanos que ven con horror el mal hecho en la imagen.
       Pero no acaba aquí toda esta astracanada, pues más de 700 habitantes de Borja han firmado un documento solicitando que la imagen quede como está, porque se han dado cuenta, con buen olfato comercial, de que esa situación atrae a muchos curiosos al pueblo que reaniman la maltrecha economía de toda  pequeña localidad provinciana, y que acuden atraídos por la enorme publicidad que está teniendo tanto en internet como en los medios de comunicación, aunque no se dan cuenta de que esto es una moda pasajera que pronto caerá en el olvido, sustituida por otra noticia igual de rocambolesca y absurda .
Incluso, el portal Change.org ha promovido la búsqueda de firmas en internet, de las que lleva ya recogidas 3.300 hasta el momento, para dejar la imagen tal como está, pensando que es una obra de arte que merece ser conservada para la posteridad, lo que hace aún más esperpéntico todo este asunto.
Ayuntamiento de Borja (Zaragoza)
Mientras tanto, Juan María Ojeda, el concejal del Ayuntamiento de Borja, ha explicado a los medios de comunicación que se está estudiando por parte del Ayuntamiento tomar acciones legales contra la autora de tan disparatada restauración, lo que aumenta la angustia de la pobre señora que se enfrenta a las críticas de sus vecinos y a la posible demanda por parte del Ayuntamiento, porque se da la circunstancia de que la Colegiata de Santa María, lugar en el que se encuentra dicha imagen, no es propiedad del Consistorio ni de la Iglesia, sino del Hospital de Sancti Spíritus, una fundación de origen medieval de la que es presidente el alcalde de Borja y cuyos patronos son los diversos concejales, por lo que la decisión corresponde a la fundación, pero no al Ayuntamiento. La prioridad, sin embargo, para el Ayuntamiento es evaluar los daños y lo que costaría volver la imagen a su estado original, para lo que pidieron un  informe al equipo de restauradores que han examinado su estado actual y opinan que pueden devolverla a su imagen original.
       Cecilia Giménez, no ha hecho una excelente obra de restauración, pero sí le ha dado una fama universal a un pueblo zaragozano que sólo existía para sus habitantes y los pueblos limítrofes, haciendo que sea conocido a través de los medios de comunicación e internet que han hecho una gran publicidad de una localidad antes desconocida para muchos. Ha perjudicado una aimagen con su actuación, pero ha hecho brillar la de un pueblo que se ha fecho famoso en el mundo entero, sobre todo, gracias a internet. Por eso, la restauradora espontánea exige ahora que le paguen los derechos de autor...
Desde luego,  esta buena señora no ha pasado a la historia del arte con su intento de devolver a la imagen su belleza original, pero sí ha pasado a la historia del esperpento nacional y no por su culpa, pues los que han provocado ese absurdo estado de cosas son los millares de necios ociosos a quienes les parece más interesante visitar al Ecce Mono, como le llaman burlonamente, antes que a los millares de exquisitas obras artísticas de todo tipo que se pueden contemplar en museos, catedrales, iglesias y demás lugares históricos, y prefieren hacerse cientos de kilómetros y fotos al lado del engendro en el que se ha convertido la imagen deteriorada después de su supuesta reparación, para demostrar que el nombre les viene al pelo, a la imagen mal reparada y los memos que consideran una gracia insuperable con la que exhibirse después en internet, mostrando sus caras de imbéciles ansiosos al lado de ese rostro desfigurado por manos inexpertas, en busca de ese minuto de gloria a la que tiene derecho todo el mundo, como decía Andy Warhol, aunque sólo sea para demostrar que  esa imagen rebautizada como Ecce Mono retrata a la perfección a una buena parte de esta sociedad que aún sigue teniendo más de mono que de ser humano pensante y con capacidad de lógica, criterio y, sobre todo, sentido del ridículo.
      Aun muerto ya Valle-Inclán, el esperpento nacional sigue tan vivo como cuando el genial dramaturgo vivió. Y es que España es diferente...