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jueves, mayo 10, 2012

La vida sin dinero, ¿utopía o realidad?





Portada del libro en la edición inglesa "Vivie sin dinero
La prensa española se ha hecho eco de la publicación de un libro con el título de La vida sin dinero, de Heidemarie Schwermer -en España la publica la editorial Gedisa, especializada en temas de ensayo- una psicoterapeuta alemana de 60 años que lleva seis años viviendo sin dinero, así como suena, y sin renunciar a los logros de la sociedad actual como son el móvil, el ordenador y tampoco a vestir con pulcritud y cierta elegancia.

¿Cómo ha conseguido ese milagro que para la mayoría de las personas lo consideran imposible? Pues, haciendo algo similar a lo que fue el comienzo del intercambio de productos en los principios de la historia: el trueque. Así, cambiando pequeños servicios por aquello que necesita, la experiencia que, al principio, iba a durar un año se ha convertido ya en su forma de vida de la que siente muy satisfecha esta original y valiente pionera del rechazo al dinero. Hasta tal punto es congruente con lo que predica que el dinero conseguido por la publicación de su libro en Alemania, al que antes se ha aludido, unos diez mil marcos, lo repartió entre personas necesitadas, mujeres maltratadas y diversos colectivos que necesitaban una ayuda urgente .

La idea de llevar a la práctica una idea tan original como arriesgada, comenzó en 1994 cuando crea una sociedad de trueque en Dormund, uno de los primeros de Europa de este tipo. En dicha sociedad se cambiaban servicios por otros o por bienes: ropa, comida, útiles, pequeños electrodomésticos o cualquier cosa que pudiera ser de necesidad para quien realizaba el trueque. Este sistema de la economía basado en la forma original cuando aún no existía el dinero, supone, a su vez, una verdadera revolución en cuanto que el dinero deja de tener utilidad y pasa a ser algo innecesario, porque los servicios que se prestan ambas partes compensan los que se reciben o los bienes que se intercambian. Además, según asegura esta arriesgada psicoterapeuta, este sistema de intercambio tiene un valor añadido que se encuentra en el aumento de la confianza en uno mismo, en la confianza en la relación interpersonal y en poder servir de cauce para desarrollar aquello que se sabe hacer y gusta hacerlo como oferta de cambio para conseguir otro servicio o bien necesario a cambio.


     Heidemarie Schwermer  

Estas cuestiones las explica desde su peculiar punto de vista: “Mi actividad, que tiene como misión llamar la atención sobre la injusticia, es mi vocación. NO NECESITO VACACIONES. Ése es uno de los errores de nuestra sociedad, que separa ocio y trabajo, porque la mayoría hace algo que no le gusta sólo por ganar dinero y gastarlo en cosas que no necesita“

. Cabe preguntarse entonces ¿cómo es posible comunicarse con los demás por e-mail, usar un móvil o vestir correctamente sin gastar un euro? A esta pregunta responde de nuevo Schwermer «Puedo vivir así gracias a los contactos. Mucha gente me conoce, entiende mi proyecto y quiere ayudarme. Sé dónde voy a dormir en las próximas semanas, tengo un refugio por si me fallan las previsiones y nunca me falta para comer», explica en su bastión de Dortmund, un centro cultural llamado Wissenschaftsladen que fue fundado en 1983 por un grupo de estudiantes. “Ahora no tengo nada. Soy una persona sin techo, pero ante todo una persona libre”. Duerme en el piso superior del recinto y ayuda con sus conocimientos terapéuticos a quien lo precisa. «Antes asesoraba a gente con mucho dinero, pero no estaba satisfecha con mi trabajo. Ahora ayudo a quien viene a verme. A veces me dan algo a cambio, pero no siempre es así»,

No siempre fue así porque asegura que en los primeros tiempos de su insólita experiencia pasó hambre, pero siempre que precisa algo lo desea con mucha fuerza y termina lográndolo. Afirma que un «ángel» la protege y que «se siente guiada».

La idea de llevar a la práctica tan arriesgada idea comenzó al ver cómo funcionaba la sociedad de intercambio “Da y Toma”, de Dortmund. Eso le decidió a vivir esa aventura en solitario y pasar un año sin usar el dinero en ningún momento. Dejó su casa de alquiler, regaló sus libros y muebles y entregó el dinero a sus hijos. Lo prioritario era encontrar un lugar dónde dormir, ducharse y, por supuesto, la forma de conseguir la comida. Comenzó durmiendo en casa de amigos que se iban de vacaciones por largas temporada, a cambio de cuidarles la vivienda, los animales o regar las plantas. De esta forma, podía dormir en una cama mullida y con sábanas limpias y, en ocasiones, disponía de un frigorífico bien surtido de comida. «En realidad, no echo nada de menos, porque si lo hiciera volvería a usar el dinero. No hago esto como un sacrificio», afirma convencida.

Heidemarie tiene dos hijos ya adultos que se preocuparon al principio de iniciar su peculiar estilo de vida por considerarlo muy osado, aunque están más tranquilos al ver cómo su madre se desenvuelve perfectamente sin usar el dinero, según afirma ella.

Aunque está satisfecha de su experiencia, no aconseja que los demás la lleven a cabo. Ella vive así por elección personal, no por necesidad, lo cual es un matiz muy importante. Con ella quiere demostrar que es falso el convencionalismo de la sociedad materialista en la que vivimos que viene a decir “tanto tienes, tanto vales”. Afirma que no busca seguidores, sino que quiere invitar a reflexionar a la gente: «Éste es mi camino, pero no es un camino de masas. Para muchos en esta sociedad uno vale lo que gana. Yo creo que todos los trabajos son igualmente dignos. Es posible no tener nada y valer mucho. Ése es mi mensaje». Así todos valemos por lo que sabemos hacer, por nuestra capacidad de trabajar, crear y esforzarse, no por el dinero que se tenga. Este mensaje es importantísimo en una sociedad en la que prima ante todo el dinero como referente único del valor personal.

Heidemarie recalca la importancia que significa la igualdad de los intercambios en su aspecto de valor no dinerario, sino humano: “tú me cortas el pelo y yo te arreglo el lavavajillas”, por ejemplo.

El paso del tiempo no le preocupa porque cuando ya no pueda valerse por sí misma ni ofrecer servicios a cambio de ropa, comida o alojamiento, entonces sus hijos cuidarán de ella.Esta experiencia insólita que vive una persona instalada toda su vida anterior en una relativa opulencia, pone de manifiesto los muchos recursos que tiene el ser humano para poder salir adelante y, además, es un canto de esperanza en una sociedad azotada por la crisis económica, la falta de puestos de trabajos y la propia sensación de fracaso que tienen muchos millones de seres que creen no valer nada porque no pueden encontrar un trabajo que les permita recobrar su propia dignidad que ya creen perdida para siempre.

Si esta experiencia valiente y a contracorriente puede servir para que alguien, por decisión personal o por necesidad pura y dura, pueda encontrar la forma de encontrarse a sí mismo, o salir del atolladero en la mayoría de los casos, será suficiente motivo de satisfacción para esta mujer valiente, original y contestataria contra la sociedad alienante en la que el valor de cada ser humano parece estar encarnado en cuánto gana y cuánto tiene y no en su propia dignidad personal y el gran caudal de conocimiento, experiencia, capacidad de trabajo y esfuerzo que toda persona puede ofrecer a los demás como la más pura expresión y la más genuina de su propia personalidad y de su innato valor que tiene como ser humano y que no depende de lo que tiene, sino de lo que vale por sí misma.